SU SENTIDO INICIÁTICO
Se dice y es dable confirmarlo con reservas, que el grado de Maestro posee todo el carácter de masónico, y que en ese grado se detienen las iniciaciones de algunos Ritos, lo cual es cierto desde los orígenes de la Masonería, la constructora y la filosófica, del primer tercio del Siglo XVIII. Pero, como la Masonería es una doctrina común, única, enseñada y realizada en el mundo, proporcionalmente a los medios de que la Institución dispone, el gr.´. 3 será la plenitud del carácter con tal que en esos tres grados se encuentre contenida toda la doctrina que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado gradúa distributivamente en sus treinta grados (dejando los tres últimos como administrativos).
Sin duda este sistema no agrega valor al rito primitivo, si es que se resume todo el simbolismo filosófico confiado a los treinta del Escocismo. En este concepto, el Maestro del rito llamado “moderno” no es el Maestro del Rito Escocés, porque el rasgo esencial del sistema escocés y su ventaja consiste en que contiene una filosofía de permanente investigación sobre el porvenir; investigación que, sin ser las ciencias especiales, las ciencias técnicas, se inspira en sus principios conquistados y sigue sus métodos de experimentación y de observación del “Yo”.
La división jerárquica de los treinta y tres grados del escocismo es puramente formal y de procedimiento pedagógico, por decirlo así, tomada la Franc-Masonería en su carácter educativo. El Escocismo, lejos de romper o desnaturalizar, mantiene el carácter y propósitos de la Orden en su “unidad” y “universalidad”, en su impersonalidad, sin política ni religión, abrazando por lo mismo a la Humanidad entera, “como un manto” extendido sobre los cuatro horizontes, como un Sol que hace florecer y fructificar la vida en las sociedades.
No se enaltece un Masón por el solo hecho material, superficialmente infantil, de colgarse una banda y una joya del grado 33, por ejemplo, sino cuando comprende la profunda y extensa enseñanza del sistema entero, cuando dignifica el grado, profesando y ejecutando su filosofía.
Quienes pertenecen al rito primitivo de los tres grados, o censuran como banales las jerarquías del Escocismo por no mirar en ellas sino el signo, podrían por la misma razón reír ante la sencilla y cándida leyenda de Hiram. Es muy fácil atribuir a un sistema lo que no tiene, ni lo que no discute, para argumentarlo de absurdo o de pueril.
Es también ociosa toda objeción sobre los orígenes circunstanciales y aun abusivos de un rito, pues todos los ritos son buenos, si hacen Masonería verdadera: los abolengos no constituyen nobleza legítima. Estudiar el problema de la existencia en el seno tranquilo de una Logia, amistosamente, ya desde el primero al tercer grado, ya en el recinto de una Cámara o Capítulo desde el 4º al 33º, a donde sucesivamente cada Hermano lleva el contingente de su palabra, como ave que forma el nido de las próximas generaciones …he ahí la esencia del Escocismo.
Cada grado es, pues, una cátedra, un desarrollo de la doctrina, bajo el ambiente del amor a la justicia, de la libertad y de la tolerancia, ¡el más propicio para que los espíritus florezcan! Luego, en que cada grado que se vivencia, ese mismo genio investigador del Escocismo se va paulatina y sólidamente ensanchando, a la vez que los caracteres se funden y amalgaman, que la fraternidad se estrecha al calor de las expansiones alegres, benevolentes y serenas de cada iniciación.
Desde el Aprendiz hasta el grado 33, con la leyenda y liturgia propias de cada grado, el Escocismo, no sólo despliega un pensamiento amplio e intensivo, sino también una disciplina, que consiste en mantener las potencias intelectuales del Masón en perpetua actividad y tensión, evitando el marasmo y la pérdida de fuerzas en lo baladí y vulgar, con esta garantía, que ningún Hermano al provocar el análisis de una cuestión teórica o exponer sus juicios en una cuestión práctica, no abriga el temor de ver violada su consciencia, ni deprimida su dignidad, por las opiniones adversas y por ninguna resolución colectiva de su Logia o de su Capítulo, pues así se lo aseguran las prohibiciones de no ocuparse de hechos contingentes del día, políticos o religiosos.
Es cierto que esta independencia y tolerancia fraternal es común a todos los ritos; pero el Escocismo ofrece mayores oportunidades para ejercitarlas y afirmarlas. En cualquiera de sus Cámaras puede debatirse cualquier cuestión social, la del trabajo, por ejemplo, que es la angustia dolorosa para los unos, y el peligro latente para los otros. En cualquiera de las Cámaras del Escocismo, sin excepción, pueden el capital y el obrero exponer sus fórmulas y soluciones económicas en beneficio de una organización equitativa y previsora, que satisfaga las más apremiantes necesidades del momento actual y preparar nuevas soluciones graduales, conjurando así las furiosas luchas y las tempestuosas iras de los intereses lesionados. Pero las soluciones no serán buscadas como en nuestras agrupaciones políticas, como algunos, de mala fe, por inercia o por desequilibrio nervioso, pretenden, persiguiendo así un espejismo, desde que la característica de la Masonería es apartarse del empirismo profano, hábitos y jurisprudencia de la política local de cada lugar.
Precisamente, la Masonería se propone alejar de sus Talleres a esos individuos inquietos, ambiciosos, inconscientes o traidores, que suelen surgir por sorpresa de los bajos fondos de una asociación anarquizada, a semejanza de los estallidos de los gérmenes morbosos, que hacen su largo proceso en el silencio de las funciones vegetativas de un organismo inferior.
La discusión en las Cámaras del Escocismo serán de buena fe y elevadas, sin otro interés que el de encontrar una fórmula de justicia. La Logia no cobijará bandos, no ventilará una fórmula que divida los ánimos; ahogará toda incitación a destruir una congregación religiosa, o a perturbar violentamente el ejercicio de las creencias que no atacan derechos ajenos.
La Franc-Masonería, sobre todo, mediante el sistema del Rito Escocés AA, no se lmita a recoger las enseñanzas de la historia y a formularse una clave filosófica; abre el campo a todas las opiniones particulares; pero lo hace para fundirlas en sus moldes y obtener por este hecho la fusión fraternal de sus afiliados, una palanca en favor de la concordia en la verdad. Resulta, pues, que el Escocismo es un simple sistema, creado para ir gradualmente ejecutando esa educación del espíritu, del carácter, de la voluntad del masón, fin supremo de la Orden, cualquiera que sea la manera de trabajar en el Taller.
Pero no confundáis nunca la investidura de un alto Grado con el hombre que la detenta sin comprenderlo ni dignificarlo.
¿Juzgaréis la institución del gobierno profano por los funcionarios que la violan o degradan? El Escocismo, como veis, recapitula y glorifica todos los esfuerzos intelectuales de la Humanidad, como un homenaje justiciero, no menos que como un estímulo para estudiar esa herencia intrépida y continuarla. En este sentido, nuestro Rito contiene el depósito sagrado de la Masonería histórica, que debemos enriquecer y transmitir a las generaciones sucedáneas con las conquistas que nos pertenezcan.
